La marmita

Como Obélix yo de pequeñita también me caí en la marmita. Me caí al nacer y por obligación del Universo a una marmita de Conciencia, responsabilidad y sustancias que no entendía – que aún descifro cuando saboreo algo que me recuerda ligeramente a aquello – .

Probé aquella pócima pronto y una zambullida me bastó para saber que eso era irreversible, que la ignorancia cómoda no era para mí.

Pero al contrario que el personaje de cómic, mi relación con la pócima mágica no me dio super- poderes de fuerza ni dotaciones m muy vistosas, sólo mucha sed de sabiduría (aunque hubo periodos en que se retiraba como una marea) para entender lo que vivía, junto con una incómoda sensación de responsabilidad. A veces era una sed inmensa, con ansiedad y por la que me di grandes atracones con sensación de empacho después, mientras que otras veces me provocaba un rechazo absoluto, con nauseas incluso, hacia cualquier cosa que me recordase a aquel brebaje.

Y no es ni ha sido nada fácil, pero sé que es mi camino, éste que reluce con destellos irisados entre las piedras y el barro mientras ando.

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