mar revuelto de agosto

Agosto, mar y playa, sopor, final de vacaciones, días que se acortan, y ese final con regusto a comienzo de un curso, de una nueva oportunidad para cambiar – septiembre siempre trae sus revoluciones, y éste los va a traer, eso está claro.

Así ha salido el mes más cálido, con mar y arena, aunque tengo que decir que aquí hice un poco de trampas porque sí que fue intencionado, no el azar, el que juntó el tema de los recortes del collage con el mes en cuestión. Estaba claro para mí que agosto es el mes playero por antonomasia y no iba a ser yo quien le quitase ese privilegio.

Las fotos eran de un reportaje del mar de Aral, ese mar-lago que por la codicia agrícola de los hombres, cada vez retrocede más, y donde antes había barcos y peces, ahora sólo hay pecios abandonados en lo que parece el desierto. Una historia muy triste, la verdad…

En lo económico todo también parece retroceder, la liquidez se seca, ya nadie confía en nadie (ni siquiera los bancos entre sí), el valor del oro (como valor seguro) rompe su récord, y vemos cómo, sin precedentes, los políticos de toda Europa han recortado sus vacaciones antes de tiempo para reunirse antes y tomar medidas ante el ambiente de pánico bursátil y de confianza. Se hace todo, vamos, casi el pino con las orejas – en clave neoliberal y de recortes – para calmar al mercado.

Creo que no soy la única persona en sentir cierto estupor y confusión ante ese ente que llaman “mercado” y que no hace más que bajar, exagerar y basarse más en la emoción que en las razones y la lógica. Lo malo es cuáles son esas emociones predominantes ahora; el miedo y el desconocimiento de hacia dónde vamos. Ese ente intangible y escurridizo, buscando los máximos beneficios pero en el mínimo plazo no tiene escrúpulos ni conoce límites a su hambre voraz. Sinceramente creo que los recortes que vivimos, en especial en los países periféricos de la UE, van a ahondar en más crisis, pues seguimos a merced del interés que nos dicten para pagar el endeudamiento del país (no es sólo cuánto un país se endeude, sino a cuánto le hagan pagar esa pequeña o gran deuda que haya contraído). Una burbuja negativa que mete el dedo más en la llaga de países como Grecia, que no pueden controlar ya nada y rayan quizá la suspensión de pagos del Estado, ¡quién lo hubiese dicho, un estado europeo casi en quiebra!

No hay suficientes recortes que calmen a la furia miedosa y desbocada que no sabe a qué atenerse. No creo que los vaya a haber nunca. Y lo que es peor, esos recortes (que hacen lo contrario de lo que aconsejan todos los modelos macroeconómicos keynesianos que nos enseñaron en su momento en la facultad) se presentan ante ella con la mejor de las sonrisas y amparados por cientos de cuentas, porcentajes y estadísticas, no hacen sino estrangular aún más a los que están detrás de esos números, los ciudadanos que tenemos que tragar con lo que venga en lo que se supone es una democracia. No hay comentarios ante la rapidez con la que han abierto el melón de cambiar nuestra Constitución justo antes de las elecciones, sin referéndum ni nada.

Vivimos en tiempos de cambios profundos y lo que hasta ahora conocíamos y nos habíamos acostumbrado, como el estado de bienestar, se está esfumando a ojos vista. Igual hasta no somos conscientes de cuánto están cambiando las cosas y qué rápido nos las están quitando de las manos. Parece que la máxima va a ser; o espabilas en esta crisis o te hundes con el barco, porque está haciendo aguas muy deprisa.

Aunque la verdad, sabiendo que los recursos de este planeta son limitados pero las ansias del sistema no lo son… tampoco es tan raro que las aguas de bonanza retrocedan mientras las del cambio de raíz nos inundan los pies.

No soy nadie para opinar ni hacer un resumen global de una realidad tan compleja como la actual, pero hay que tener cuidado con la censura sutil de media verdades en los grandes medios de la comunicación (la tele sobretodo) nos quieren vender como única verdad, sin olvidar que los que de verdad mueven los hilos se blindan en un anonimato opaco que hay detrás. Sólo uso la plataforma de la que dispongo para exponer mi visión, aunque sea contradictorio en medio de poesías, dibujos y pequeños papeles ilustrados, mezclando lo esotérico con mi opinión de lo exotérico. Al fin y al cabo la realidad es una proyección de uno mismo, y las convulsiones exteriores de las que somos testigos son también una parte de nuestros cambios internos, igual que lo son de las conjunciones planetarias y del gran Misterio. Eso sí, cómo sintamos esos cambios, si como un parto doloroso e inútil o como los dolores necesarios a los que sabemos que no debemos resistirnos porque viene el proyecto nuevo que tanto estábamos deseando después… eso ya depende de cada uno.

Además, es probable que muchos pertenecezcamos más al paradigma que se acerca  que al que se está muriendo. Aceptemos pues esta inminente muerte con cierta alegría; puede traer mucha más consciencia y Luz de la que nos imaginamos, pero debemos saber soltar antes lo viejo si no queremos necrosarnos las manos.

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