la sombra de frente

He estado de vacaciones, sí, unos días fuera de casa sin facilidades de tiempo ni conexión, pero principalmente he estado trabajando con la sombra. No es nuevo porque indirectamente la trato siempre que dibujo o me dejo llevar sobre ciertos temas, bueno, casi cualquier tema.

Lo que ocurre es que mirarla(se) se frente es diferente. Tiene mucho de valor, tiene mucho de emociones tapadas durante largo tiempo. Tiene, a veces, la fuerza de una olla tapada al fuego vivo, otras las de algo macerándose solo, con todos los ingredientes necesarios para su(tu) transformación, para que cuando la mires no te reconozcas ni entiendas lo que hueles sin casi ver (en la oscuridad del miedo).

Esta vez creo que estaba más o menos preparada para este encuentro, aunque las imágenes son duras, y las conversaciones hirientes porque ella también está resentida de que no la haya querido mirar a los ojos durante tantos años. Quizá la humildad de quien está embarcada en un proceso mucho más grande que ella, ayuda y ponga en predisposición a conseguir un acuerdo entre ambas partes.                          Yo y mi sombra, mi sombra y yo.

Se ven cosas que no gustan, se levantan muertos, se abren cajones sin nombre que estaban en pudrición. A veces paras algo en seco, muchas te callas ante cosas ajenas que criticabas pero que comprendes que en realidad son tuyas.

(He entendido cuánto debilita la crítica. He sentido cómo el juicio alimenta lo enfermo.)

Este blog se paró en seco. Ya con la pastilla roja en el cuerpo, a decir verdad, más bien con la dosis de recuerdo recién ingerida (de la primera dosis ya ni me acuerdo), se tomaron algunas decisiones solas, como que mejor dejar esto por un rato.

Primero porque estaba empezando a perder pie en el tiempo que le dedicaba (en el blog propio y leyendo los de los de los demás) en vez de hacer otras cosas de lo no virtual que son más pesaditas, pero muy necesarias e ineludibles. Quitémonos las caretas, yo estoy muy, muy cómoda en las nubes, desde siempre, demasiado incluso, y la Nube bloguera no me ha costado nada, entre las ideas me muevo con soltura. Pero vi que me costaba mucho bajar de ella, y lo que es peor, aceptar que tenía otras responsabilidades más inmediatas algo desatendidas.

Y segundo porque empecé a notar, no siempre pero las suficientes veces como para que saltara la alarma, un cambio en el enfoque de mis entradas que no me gustó.

En realidad hay pocas cosas que están en nuestras manos, aunque queramos pensar lo contrario, una de ellas, por no decir la principal, es la intención que hay detrás de lo que creamos: el por qué y el para qué hacemos algo. Y en ese para qué se me empezó a colar la búsqueda de halagos por parte de mis (sorprendentemente) puñado de seguidores, en especial de los que dejaban huella con un comentario.

Si quiero ser auténtica y coherente con mis intenciones iniciales en es te blog, ya que esto no es un negocio, y no tengo que vender mis obras a una gallería, o escribir para una editorial con sus condiciones, puedo hacer lo que me plazca y seguir de verdad mis instintos con los colores y las palabras sin sentirme condicionada (en realidad por mi cabecita linda, no por los demás).

Canalizar, ser libre.

Hacer cosas para agradar y depender de la visión de los demás no es nada nuevo en mi vida, pero ahora que estoy de limpieza profunda, es un vicio con el que me gustaría acabar, o por lo menos acortar a su mínima expresión. Porque pierdo el equilibrio si me apoyo en lo de fuera, porque pierdo toda mi fuerza y se apaga mi verdadera voz.

A mi silencio también han rendido pleitesía muchos cambios externos que me han tenido con menos tiempo libre que el de costumbre, pero las luces las voy a dejar para la siguiente entrada, pues esta está dedicada a mi sombra.

Mi sombra, que huele a algas de mar, es puntiaguda, viuda de sí misma e intenta últimamente hacer crecer su corazón en su cóncavo esternón (donde le regalé una flor), me ha pedido que le dé cariño y atención.

La he tenido muchos años apartada y rechazada, consiguiendo que creciese y me diese más miedo. Una forma sencilla y humana de mantenerme dividida y empantanada en emociones no reconocidas y un poco rancias, que me enredaban muchas veces en tonterías en las que ellas hacían resonancia.

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6 thoughts on “la sombra de frente

  1. Bueno, me alegro de tenerte de vuelta, veo que mirar tu sombra te ha sacado alguna reflexión que otra, aunque en el dibujo dejas claro que una cosa es la sombra y otro el añadido, lo que tú solo ves, la parte amenazante.

    Sobre el texto no hay nada que decir, haz lo que quieras, cuando quieras y como quieras, creo que hasta pintando pececitos sacarías demasiadas cosas de tí.

    Besos.

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    1. La verdad es que me ha salido un dibujo bastante más duro de lo que quería/esperaba, pero bueno, mejor fuera que dentro. Y sí, el miedo al miedo, el añadido imaginado de la sombra por no mirarla tal cual es, es mucho peor.
      No he probado a hacer pececitos hace años ya, pero seguro que se me ve en ellos 😉 Un beso grande pal norte!

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    1. Uyyy, yo podría dedicarle una entrada entera y unos cuantos dibujos a los miedos que crecen y se reproducen a traición en el cuarto de baño. No sabes cómo me ha llegado tu imagen y cómo te entiendo.
      Un beso, Concha

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  2. Los miedos, siempre andamos enredando con los miedos, son alargados, pesado y oscuros, sombras pesadas atadas al tobillo con cadenas, Olvidamos que el miedo es una reacción para sacar de nosotros lo mejor, para disponer todo nuestro ser a la reacción inmediata hacia lo mejor. Los miedos no son sombras, son el interruptor de la luz.

    “Algunas veces el viento
    Es un tulipán de miedo”

    Un beso

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    1. Tienes toda la razón, el miedo encierra en sí un gran potencial por descubrir y desplegar… lo que ocurre es que a veces parecen mayores de lo que son y tiramos la toalla olvidando tener fe en ese “premio” de después. El miedo también está muy ligado a un gran deseo interno por aquello que protege. Supongo que de ahí el potencial.
      EL interruptor de la luz, qué bueno… Intentaré tenerlo en cuenta cuando vaya a tientas en la oscuridad de lo desconocido, porque aunque me sepa la teoría de ahí a la práctica hay un salto.
      Gracias por tus palabras, Juan, otro beso de vuelta.

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